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Los contagios van tocando techo

Actualmente en Puerto Rico, la tasa de positividad no es un buen indicador para monitorear la transmisión comunitaria del SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19.

Epidemiológicamente, los contagios de una enfermedad infecciosa se producen cuando existe una población susceptible. La vacunación reduce el número de individuos susceptibles. Por tanto, no podemos interpretar la tasa de positividad –ya sesgada por las pruebas repetidas de un mismo individuo—como un índice fiable de la transmisión comunitaria de una enfermedad clínicamente grave [1] en una población altamente vacunada.

La incidencia de contagios representa un índice más fiable, aunque la depuración de «casos únicos» (no repetidos) tome de 24 a 48 horas en validarse. Los datos reportados al momento no siempre son los más fiables.  

Datos: DSPR; visualización JBecerra @cepur.info

Cuando se examina la curva epidemiológica de contagios únicos en Puerto Rico se puede discernir una deceleración del vertiginoso aumento reciente (dispar con la tasa de positividad) y hasta el asomo de una posible meseta que represente tanto el efecto de las recientes medidas de mitigación como un límite de la población susceptible a enfermar, todavía parcialmente o no vacunada.

El impacto de esa probable deceleración de contagios debe observarse en las hospitalizaciones en una semana o dos. Aun así, al ritmo actual, llegaremos a un censo diario de 1,000 hospitalizaciones de adultos por COVID-19 en aproximadamente 10 días. ¿Podrá el personal y los recursos del sistema sanitario sostener esa carga? ¿Por cuánto tiempo?

Datos: DSPR; visualización JBecerra @cepur.info

La deceleración de los contagios debe facilitar el comienzo de las clases presenciales en el sistema escolar con maestros, empleados y estudiantes vacunados, con protocolos robustos, en un ambiente seguro y alerta a los contagios. Las hospitalizaciones pediátricas por COVID-19 se han estabilizado y la mayoría ocurren en población prescolar (edad ≤ 4 años) todavía no apta para la vacunación.  

Datos: DSPR; visualización JBecerra @cepur.info

Nuestros niños y niñas, en particular aquellos con necesidades especiales– han sufrido rezagos académicos sustanciales como consecuencia de un sistema de vigilancia epidemiológica proclive a cerrar escuelas durante el año escolar 2020-2021. Las escuelas nunca debieron cerrarse siguiendo algoritmos implementados rígidamente.   

Cierto, la variante ómicron ha redefinido la susceptibilidad a la infección entre los vacunados (infecciones posvacunales o «breakthrough»), pero también ha redefinido la severidad de la enfermedad. [1]

Hasta que no se observe una reducción sustancial y sistemática de los contagios (curva epidémica de casos únicos) no se debe bajar la guardia respecto a las actuales medidas de mitigación. Sin embargo, haber llegado a un techo de contagios no sería indicación para aumentar las restricciones y ciertamente facilitará el comienzo de las clases presenciales.


[1] Durante esta pandemia, hemos denominado «caso» tanto a la infección por el virus SARS-CoV-2 como a la enfermedad clínica (COVID-19) causada por este virus. Es una definición epidemiológica correcta porque el propósito de la vigilancia epidemiológica es lanzar una red amplia que capture consistentemente el alcance general de un problema de salud pública. La alta proporción de infecciones asintomáticas requería que se capturasen todas las infecciones posibles para estimar el impacto de la transmisión comunitaria del virus en las hospitalizaciones y defunciones. 

La variante ómicron ha resaltado la diferencia entre infección y enfermedad ya que no exhibe la alta letalidad inicialmente asociada a la enfermedad COVID-19.  Esa nueva realidad epidemiológica debe incluirse en las proyecciones estadísticas, mejorando su valor predictivo al tomar decisiones que protejan al sistema sanitario, que minimicen el impacto de las necesarias medidas de mitigación en la economía y que prevengan enfermedad grave y defunciones por COVID-19.


José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

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