COVID-19 PR

Regreso a clases

Le he solicitado al Dr. Miguel Valencia Prado su opinión experta sobre el inminente comienzo de las clases presenciales en PR. Sus expresiones no necesariamente representan la postura del Departamento de Salud de PR sobre el tema, pero ciertamente es necesario beneficiarnos de su experiencia y sabiduría sobre un tema tan vital para Puerto Rico.



Su ponencia del 15 de octubre de 2021 sirve de trasfondo epidemiológico y ético para sus expresiones, validando su convicción —y la mía propia— de que las escuelas deben ser lo último que se cierra, y lo primero que se reabre, cuando son necesarias medidas de mitigación en una pandemia.

El Dr. Valencia apoya su convicción con una lógica epidemiológica impecable:

… la transmisión escolar refleja (pero no impulsa) la

transmisión comunitaria…

Dr. Miguel Valencia Prado

Recomendamos una cuidadosa lectura de esa excelente ponencia.



José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

COVID-19 PR

Los contagios van tocando techo

Actualmente en Puerto Rico, la tasa de positividad no es un buen indicador para monitorear la transmisión comunitaria del SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19.

Epidemiológicamente, los contagios de una enfermedad infecciosa se producen cuando existe una población susceptible. La vacunación reduce el número de individuos susceptibles. Por tanto, no podemos interpretar la tasa de positividad –ya sesgada por las pruebas repetidas de un mismo individuo—como un índice fiable de la transmisión comunitaria de una enfermedad clínicamente grave [1] en una población altamente vacunada.

La incidencia de contagios representa un índice más fiable, aunque la depuración de «casos únicos» (no repetidos) tome de 24 a 48 horas en validarse. Los datos reportados al momento no siempre son los más fiables.  

Datos: DSPR; visualización JBecerra @cepur.info

Cuando se examina la curva epidemiológica de contagios únicos en Puerto Rico se puede discernir una deceleración del vertiginoso aumento reciente (dispar con la tasa de positividad) y hasta el asomo de una posible meseta que represente tanto el efecto de las recientes medidas de mitigación como un límite de la población susceptible a enfermar, todavía parcialmente o no vacunada.

El impacto de esa probable deceleración de contagios debe observarse en las hospitalizaciones en una semana o dos. Aun así, al ritmo actual, llegaremos a un censo diario de 1,000 hospitalizaciones de adultos por COVID-19 en aproximadamente 10 días. ¿Podrá el personal y los recursos del sistema sanitario sostener esa carga? ¿Por cuánto tiempo?

Datos: DSPR; visualización JBecerra @cepur.info

La deceleración de los contagios debe facilitar el comienzo de las clases presenciales en el sistema escolar con maestros, empleados y estudiantes vacunados, con protocolos robustos, en un ambiente seguro y alerta a los contagios. Las hospitalizaciones pediátricas por COVID-19 se han estabilizado y la mayoría ocurren en población prescolar (edad ≤ 4 años) todavía no apta para la vacunación.  

Datos: DSPR; visualización JBecerra @cepur.info

Nuestros niños y niñas, en particular aquellos con necesidades especiales– han sufrido rezagos académicos sustanciales como consecuencia de un sistema de vigilancia epidemiológica proclive a cerrar escuelas durante el año escolar 2020-2021. Las escuelas nunca debieron cerrarse siguiendo algoritmos implementados rígidamente.   

Cierto, la variante ómicron ha redefinido la susceptibilidad a la infección entre los vacunados (infecciones posvacunales o «breakthrough»), pero también ha redefinido la severidad de la enfermedad. [1]

Hasta que no se observe una reducción sustancial y sistemática de los contagios (curva epidémica de casos únicos) no se debe bajar la guardia respecto a las actuales medidas de mitigación. Sin embargo, haber llegado a un techo de contagios no sería indicación para aumentar las restricciones y ciertamente facilitará el comienzo de las clases presenciales.


[1] Durante esta pandemia, hemos denominado «caso» tanto a la infección por el virus SARS-CoV-2 como a la enfermedad clínica (COVID-19) causada por este virus. Es una definición epidemiológica correcta porque el propósito de la vigilancia epidemiológica es lanzar una red amplia que capture consistentemente el alcance general de un problema de salud pública. La alta proporción de infecciones asintomáticas requería que se capturasen todas las infecciones posibles para estimar el impacto de la transmisión comunitaria del virus en las hospitalizaciones y defunciones. 

La variante ómicron ha resaltado la diferencia entre infección y enfermedad ya que no exhibe la alta letalidad inicialmente asociada a la enfermedad COVID-19.  Esa nueva realidad epidemiológica debe incluirse en las proyecciones estadísticas, mejorando su valor predictivo al tomar decisiones que protejan al sistema sanitario, que minimicen el impacto de las necesarias medidas de mitigación en la economía y que prevengan enfermedad grave y defunciones por COVID-19.


José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

COVID-19 PR

El factor economico

Fuente: datos del DSPR; análisis preliminar por José Becerra

Nos encontramos ante un peligroso repunte de la pandemia COVID-19 debido a la nueva variante ómicron propagándose en PR. Las hospitalizaciones pediátricas por COVID-19 muestran un crecimiento exponencial, duplicándose cada 3-4 días. Las hospitalizaciones de adultos por COVID-19 también muestran un sostenido aumento exponencial.

Aunque la morbimortalidad asociada a la nueva variante aparenta ser menor relativa a otras variantes, debido a su muy alta transmisibilidad (índice de propagación Ro > 10), la magnitud absoluta de su impacto pone en peligro al frágil sistema sanitario (hospitales y personal sanitario) en PR, como ya lo ha hecho en otros lugares.

Aun cuando el riesgo de colapso del sistema sanitario se estime relativamente bajo, digamos 25%, ¿debemos apostar a proteger la economía, permitiendo una mayor propagación del virus mediante la reducción de las medidas de mitigación?

Podemos aproximarnos a una respuesta examinando el excelente análisis del economista José Caraballo Cueto y la epidemióloga matemática Maytee Cruz Aponte en su artículo «Balancing Fiscal and Mortality Impact of COVID-19 Mitigation Measurements» publicado en la revista Letters in Biomathematics  (Nov 2021). Ellos acertadamente dicen que «After simulating several scenarios, we conclude that herd immunity is the worst policy when considering human cost… These results reveal that it is always better to implement some distancing measures, even for a short period, than betting for herd immunity. These conclusions are held true if it is implemented relatively late».  

El análisis adolece de varias limitaciones. Cuando se sometió el manuscrito para revisión por pares en marzo del 2021 todavía las nuevas variantes (delta y ómicron) no estaban en el escenario, y apenas comenzaban los programas de vacunación. Esto afecta los parámetros epidemiológicos escogidos para el modelo (por ejemplo, periodo de incubación, virulencia, Ro) y hace necesario un análisis de sensibilidad de las proyecciones del modelo.  

Tampoco queda claro si el modelo, confeccionado para EE. UU., sea aplicable a la realidad económica puertorriqueña, dado que los costos y el sistema tributario son distintos. Particularmente, los autores alertan que «We acknowledge that our model may not be exported to developing countries where the lock-down can also result in deaths of individuals from starvation: given the low safety nets and salaries in many poor countries, lack of employment can severely reduce dietary intake resulting in other serious health-related issues or death. In that case, we recommend adding a death variable associated to forced unemployment. Such an approach exceeds the scope of this paper».

Sin embargo, es importante señalar que la tasa de mortalidad por COVID-19 (defunciones COVID-19 por 100,000 habitantes) ha sido significativamente menor en PR comparado con EE. UU., probablemente debido a la oportuna implementación de medidas de control y mitigación y al exitoso programa de vacunación en PR, logros no alcanzados en EE. UU. Este importante indicador avala las conclusiones del estudio realizado por Caraballo-Cueto y Cruz-Aponte.

Evidentemente, es necesario ponderar factores salubristas y económicos para controlar la pandemia. Hay que minimizar el riesgo de contagios, a la vez que se minimiza el impacto de las ausencias laborales. Hay que preservar la vitalidad de la economía, cuya depresión también impacta la salud, mental y física (desempleo, pobreza, seguridad alimentaria). Hacen falta más análisis rigurosos, como el citado estudio, que informen y guíen las decisiones gubernamentales.

Mientras, nos apoya el sentido común, ése que nos dice que los espacios de circulación cerrada del aire representan un mayor riesgo de contagio, y que un ambiente escolar bien controlado es más seguro que el ambiente familiar con convivientes no vacunados.


Gobierno reactivará un grupo asesor del sector privado ante el repunte por la variante ómicron – El Nuevo Día (elnuevodia.com)

José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

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Imprudencia total

Cuando el entonces Principal Oficial de Epidemiología denunció el control de la agenda salubrista del Departamento de Salud de Puerto Rico por la relacionista de publicidad oficialista sembrada allí por La Fortaleza, el gobernador Pedro Pierluisi le recriminó públicamente tildándole de «indiscreción total». No refutaba el hecho; sólo la «indiscreción» de divulgar la injerencia de la política partidista oficialista en la ciencia de la salud pública.  Los hechos continúan probando la verdad de la denuncia «indiscreta».

La primera reacción oficialista al actual repunte COVID-19 en PR fue una conferencia de prensa que intentaba desviar la atención pública de la emergencia mediante la presentación del proyecto sobre COVID prolongado, una excelente iniciativa con mérito propio que debió anunciarse en otro momento. Pero así operan los relacionistas públicos oficialistas, pensando que el público no es lo suficientemente inteligente como para discernir la agenda detrás de las apariencias. Esa conferencia de prensa fue un «desacierto total», intentando minimizar la emergencia epidemiológica que nos azota.

Al desacierto, ahora se añade la imprudencia: la celebración de eventos masivos ante la irrefutable evidencia de super contagiosidad demostrada en el reciente concierto «P FKN R» confeccionado por un conejo malo. Aunque la transmisión comunitaria del Ómicron en PR no se deba exclusivamente al concierto, ciertamente no hace sentido potenciar la propagación del virus en la comunidad permitiendo eventos masivos cuyas circunstancias impidan el distanciamiento físico y dificultan el uso de mascarillas.

Aun cuando resulte que la virulencia no sea mayor que la de la variante Delta, la altísima contagiosidad del Ómicron puede resultar en una gran cantidad de hospitalizaciones por COVID-19 que limite la atención urgente de otras condiciones médicas y sature la capacidad del sistema sanitario. Éste no solo incluye camas hospitalarias y de cuidados intensivos disponibles, sino al personal sanitario: reducido, exhausto y expuesto. Además, la inmensa cantidad de contagios excedería la capacidad del sistema de identificación de casos y rastreo de contactos COVID-19.

La mayoría de los países del mundo han optado por no apostar imprudentemente a favor de la propagación del Ómicron y han cancelado eventos masivos de fin de año. Las divagaciones del Secretario de Salud sobre el asunto reflejan la tensión entre las relaciones públicas oficialistas y la práctica responsable de la salud pública. La diferencia entre un relacionista público y un diligente comunicador de riesgos salubristas cobra importancia en estos momentos críticos de esta emergencia.

En las circunstancias actuales, permitir eventos masivos de super contagiosidad sería una «imprudencia total». Instamos al Señor Gobernador a aceptar las recomendaciones de la comunidad científica, dentro y fuera del Departamento de Salud, para proteger al sistema sanitario de los vientos huracanados que se avecinan, como lo hace cuando el Servicio de Meteorología emite alertas y avisos. Cuando la inmensa mayoría de la población apta y vulnerable no está protegida por el requerido refuerzo de la vacunación, es más sabio prevenir que tener que remediar, y las defunciones son irremediables.


[2021.12.22 @ 18:00 EST] “Tomando en cuenta toda la situación actual, y actuando de manera prudente, he tomado la decisión de que el evento de fin de año en el Distrito de Convenciones se lleve a cabo de manera virtual para que todos en Puerto Rico y en el resto del mundo puedan disfrutarlo de manera segura. Esta decisión juiciosa y razonable no afectará la participación de artistas, ni la transmisión por televisión a más de 18 millones de espectadores a nivel nacional y mundial”, señaló Pierluisi en declaraciones escritas. –El Nuevo Día

[2021.12.23 @ 06:00 EST] El principal oficial ejecutivo de Discover Puerto Rico, Brad Dean, indicó que la organización de mercadeo del destino (DMO, por sus siglas inglés) respalda la determinación de Pierluisi, porque “muestra que Puerto Rico mantiene la seguridad de su población y de los visitantes como la más alta prioridad”.

“Esa responsabilidad en el manejo del COVID es lo que llevó a que Puerto Rico tuviera este año una de las mejores temporadas de turismo en la historia de la isla y entendemos que ese mismo sentido de responsabilidad es lo que valorarán los viajeros para que en el futuro sigan escogiendo a Puerto Rico como su destino para vacacionar”, aseveró en unas declaraciones escritas enviadas a El Nuevo Día.




José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

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Vivir alertas, pero no alarmados

Se ha cumplido el vaticinio científico y ético: una pandemia no se mitiga ni se controla solamente con medidas locales. Éstas son necesarias, pero no suficientes.

Existe una alta probabilidad de mutación genómica cuando un virus se propaga con un alto índice de reproducción en poblaciones susceptibles, susceptibles por necesidad o por elección.

Mientras exista un rincón en el mundo sin acceso a la tecnología mas eficaz para controlar una pandemia —vacunación y mascarillas — no se podrá contener la mutabilidad genómica del virus SARS-CoV-2.  El libre acceso a la vacunación es un imperativo ético para proteger a los susceptibles por necesidad y, a la vez, protegernos todos. Cuando COVID-19 existe en algún lugar del mundo, existe COVID-19 en todo el mundo.

Quienes, en el ejercicio de su libertad individual, deciden no vacunarse, son cómplices de la morbilidad y la letalidad —propia y ajena— asociadas al virus.  El derecho individual de los susceptibles por elección no prima al deber social de procurar el bien común.

Sería prematuro alarmarnos ante la detección de la nueva variante Ómicron. Ciertamente, ha producido suficiente humo como para activar alarmas de fuego en diversos países. Sin embargo, debido a la poca información fiable disponible sobre la morbilidad y letalidad asociadas a la nueva variante, todavía desconocemos la magnitud del peligro.

Aun así, podemos reflexionar inteligentemente. Es probable que:

  • la variante Ómicron no sea mucho más letal que la Delta, pues una mayor letalidad reduciría la supervivencia del virus, al no poder contagiar a una mayor cantidad de susceptibles;

  • las vacunas disponibles confieran alguna protección contra la nueva variante. Aun cuando no fuera así, la necesidad de nuevas vacunas no sería algo inaudito, pues ya ocurre con la vacuna anual contra la influenza.  

Cerrar fronteras sólo retrasa la propagación del virus, no la controla, aunque las cuarentenas en viajeros ciertamente contribuyen a mitigar riesgos. El tiempo que se gana debe emplearse, entre otros objetivos, para establecer protocolos de secuenciación genómica que hagan posible detectar nuevas variantes oportunamente en la comunidad y en los viajeros. En Puerto Rico, el Fideicomiso de Salud Pública ha sido dotado con fondos públicos para complementar los esfuerzos del Departamento de Salud, adoptando la tecnología más moderna que nos permita obtener resultados de secuenciación en 24 a 48 horas luego de detectar una prueba molecular PCR positiva. Esperamos ver el resultado de tales esfuerzos pronto, con muestras robustas y representativas de la transmisión comunitaria en Puerto Rico.

Se hace imperioso redoblar esfuerzos de vacunación masiva en todos los países del mundo, así como requerir constancia de vacunación universalmente, además de continuar con el uso de mascarillas, la higiene de manos y evitar aglomeraciones, particularmente en lugares de circulación cerrada.    

Puerto Rico ha probado que contamos con la voluntad política y el compromiso comunitario para contener a esta pandemia. Así lo demuestran los miles de defunciones por COVID-19 que se han evitado. En EE. UU. se han reportado más de 777,000 muertes por COVID-19 durante el transcurso de la pandemia. Con menos del 1% de la población, en PR se han reportado 3,268, proporcionalmente 4,500 defunciones menos.

Son tiempos de vivir alertas, pero no alarmados. Ya conocemos al enemigo, aunque venga disfrazado. Mantengámonos alertas a la nueva información que vaya surgiendo —sin alarmismos contraproducentes— y actuemos racional y serenamente de acuerdo con las circunstancias.   



Omicron Variant – NEW COVID Variant Worse Than Delta? – YouTube

https://www.elnuevodia.com/estilos-de-vida/salud-ejercicios/notas/omicron-esto-es-lo-que-se-conoce-y-no-se-sabe-sobre-la-nueva-variante-del-covid-19/


https://www.nytimes.com/interactive/2021/health/coronavirus-variant-tracker.html

José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

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que paso en agosto

¿Qué pasó en agosto?

Al completarse el tercer trimestre del año, se hace relevante la pregunta: ¿qué pasó en agosto con la COVID-19 en Puerto Rico?

¿Por qué hubo más defunciones debido a COVID-19 en agosto y septiembre (574+) en comparación con los meses de abril y mayo (384) de este año? [Figura 1]

Figura 1 [https://covid19datos.salud.gov.pr/]

Eso fue así a pesar de que se reportaron menos casos COVID-19 confirmados (PCR). [Figura 2]

Figura 2 [https://covid19datos.salud.gov.pr/]

Evidentemente, habría que considerar también los casos probables, porque recientemente se han reportado más casos probables detectados por prueba de antígeno. [Figura 3]

Figura 3 [https://covid19datos.salud.gov.pr/]

Sin embargo, aun considerando ese aumento, la tasa de letalidad global (CFR_total) se mantuvo más alta para los meses de agosto y septiembre, relativa a abril y mayo. [Tabla 1]

Tabla 1

Dado que durante el periodo de abril a septiembre [Figura 4]

Figura 4 [https://covid19datos.salud.gov.pr/]

más del 80% de las defunciones por COVID-19 ocurrieron en personas >50 años (más del 60% ocurrieron en personas > 60 años), [Figura 5]

Figura 5 [https://covid19datos.salud.gov.pr/]

corresponde examinar las tasas de letalidad especificas por grupos de edad. Tal análisis nos permitiría considerar los siguientes factores en personas > 60 años:

  • brechas en cobertura de vacunación
  • menguante efectividad de la vacunación
  • obstáculos para obtener terapia monoclonal
  • comorbilidades

Un análisis preliminar indica que, a pesar de los exitosos esfuerzos de vacunación en Puerto Rico, todavía existen brechas significativas en los grupos de edad de mayor riesgo de mortalidad COVID-19.

De acuerdo con los estimados de población para el año 2020, [Tabla 2]

Tabla 2 [censo]

un tercio de la población > 80 años queda sin vacunar, así como un quinto de la población entre 60 y 79 años. [Figura 6]

Figura 6

Debido a que la ausencia de vacunación expone a los no vacunados a un riesgo 10 veces mayor de mortalidad, [Figura 7]

Figura 7

es imperioso reducir al máximo esa brecha si se quiere prevenir mortalidad en un futuro repunte.

Hemos estado hablando del yoyo porque hemos tenido unas bajadas y volvemos a subir. Debemos mantener las medidas que tenemos al momento por más tiempo para poder seguir adelante y llegar a los niveles que hay en otros países, que ahora mismo están muy controlado», sostuvo Rodríguez Orengo.

De igual importancia, ante la evidencia de la menguante efectividad de la vacunación, se hace necesario redoblar esfuerzos para administrar una dosis adicional de vacunación («booster») a la población más vulnerable, priorizando a las personas >60 años.

Estas estrategias, así como otras medidas de prevención secundaria —como el acceso a la terapia monoclonal, cuando el contagio COVID-19 no se ha podido prevenir por la vacunación y por las otras medidas de prevención (higiene, mascarillas y distanciamiento)— deben considerarse en futuros estudios al analizar, juntamente con las comorbilidades asociadas, la mayor tasa de letalidad COVID-19 entre los adultos mayores en Puerto Rico comparado con otras jurisdicciones y países del mundo.


Análisis preliminar por cepur.info

José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

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Razonando

El Nuevo Día 7 Sep 2021

El Departamento de Salud confirmó a El Nuevo Día que 223 de las 306 personas que murieron por el coronavirus el mes pasado no estaban vacunadas contra la enfermedad, lo que representa el 73%. De los 83 vacunados fallecidos (27%), 13 estaban parcialmente inoculados y los otros 70 habían completado el proceso de vacunación.

El Nuevo Día 7 Sep 2021 [Porcientos distintos en su portada (72%) y en la reseña (73%) correspondiente al 72.9%.]

El lector inteligente y bien informado debe contrastar toda información con las fuentes originales.

Primero, el periodo de más defunciones por COVID-19 en Puerto Rico ocurrió en diciembre de 2020 a enero de 2021.

Segundo, la razón de 3:7, comparando los vacunados (27%) con los no vacunados (73%) entre las defunciones por COVID-19, no es un índice de riesgo. Si 83 murieron por COVID-19 de los más de 2 millones vacunados, mientras que 223 defunciones corresponden a los cerca de un millón no vacunados,

el riesgo relativo se aproxima más a lo que publica Epidemiología del Departamento de Salud (DS).

Aunque el artículo de prensa cita correctamente las cifras oficiales del DS, no incluye la inteligencia epidemiológica añadida por el DS. Cabe preguntarse por qué el periodismo criollo considera expertos solo a profesionales fuera del DS, muchas veces sin acreditación ni experiencia en epidemiología. Cuando se incluyen, se presentan como contraste de la opinión de los expertos.

Tercero, la vacunación es la estrategia principal para controlar la propagación del virus SARS-CoV-2 causante de la pandemia COVID-19. Sin embargo, con la variante Delta, la vacunación, si bien es necesaria, ya no es suficiente.

El uso de mascarillas, evitar aglomeraciones y la higiene continúan siendo componentes necesarios en una estrategia integral de prevención, tanto para vacunados y no vacunados. La protección que confiere la vacunación, si bien es robusta, es relativa y no absoluta. Como toda vacuna, la vacunación contra COVID-19 minimiza el riesgo de enfermedad severa y de muerte, pero no lo elimina.

Lo que no dice la reseña periodística es que, de las 306 defunciones por COVID-19, 192 (63%) ocurrieron en personas de 60 años o más.

A pesar de que en agosto la transmisión comunitaria ocurrió mayormente en el segmento más joven de la población,

el segmento de mayor edad es más vulnerable, además de contener una significativa proporción de no vacunados.

Por tanto, redoblar esfuerzos de vacunación en la población de mayor edad debe ser una estrategia esencial para reducir el impacto mortal de la pandemia en Puerto Rico, aunque no lo reporte así la prensa.


José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico

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Inmunidad colectiva

Ya no podemos hablar de inmunidad de rebaño”, subrayó el secretario de Salud, Carlos Mellado, durante una mesa redonda con El Nuevo Día. “Tan pronto vino la variante delta, nos mató la teoría completa de la inmunidad de rebaño.

El secretario de Salud, Carlos Mellado, ha sido claro: ni siquiera con el 70% de la población apta que está vacunada podríamos controlar la propagación del coronavirus si el resto de los habitantes se resiste a inocularse.

-Editorial Nuevo Día 4 septiembre 2021

El editorial del Nuevo Día rectifica las desacertadas declaraciones del Dr. Mellado. La variante Delta «mató» al mito del 70%, no mató a la teoría de la inmunidad colectiva (rebaño).

La inmunidad colectiva ocurre cuando una gran parte de la comunidad se vuelve inmune a una enfermedad, haciendo que sea poco probable la trasmisión de persona a persona. Como resultado, toda la comunidad tiene protección — no solo los que sean inmunes.

Con frecuencia, un porcentaje de la población debe ser capaz de contagiarse con una enfermedad para que esta se trasmita. Esta proporción se conoce como el umbral. Si la proporción de la población que es inmune a la enfermedad es mayor que el umbral, la trasmisión de la enfermedad se reducirá. Esto se denomina umbral de inmunidad colectiva.

¿Qué porcentaje de una comunidad necesita ser inmune para lograr la inmunidad colectiva? Esto varía según la enfermedad. Cuanto más contagiosa sea la enfermedad, más alta debe ser la proporción de la población que necesita ser inmune para detener la trasmisión. Por ejemplo, el sarampión es una enfermedad muy contagiosa. Se calcula que el 94 % de la población debe ser inmune para interrumpir la cadena de contagio

Clínica Mayo

Cuando una persona contagiosa, en promedio, contagia a menos de una persona susceptible inevitablemente se controla una epidemia. Ese precepto se deriva epidemiológicamente del número de reproducción (R). Según se reduce la fracción de la población susceptible, disminuye el riesgo de propagación de la enfermedad transmisible, hasta que R sea menor de 1. Ese umbral varía según la enfermedad. La variante Delta tiene su propio umbral, que es distinto a la variante Alfa o al de la cepa original del SARS-CoV-2.


Miles de estudiantes se contagiarán con COVID-19 en las escuelas, reconoció el secretario del Departamento de Salud, Carlos Mellado, al tiempo que advirtió sobre la importancia de que se sigan los protocolos establecidos para minimizar el riesgo de contagio en los planteles.

Nuevo Día

Otro desacierto… la inmensa mayoría de los estudiantes no se contagian en las escuelas sino en sus hogares. Hay que protegerlos con la vacunación de la población apta para la vacunación, un ejemplo de inmunidad colectiva en cada hogar.

Si los hogares y los ambientes que frecuentan los niños que no cualifican para vacunarse se componen de personas completamente vacunadas, el riesgo de contagiar a los niños se minimiza. Y si los niños que se contagien son detectados oportunamente antes de entrar a un plantel escolar, de acuerdo con los protocolos vigentes, es poco probable que «miles de estudiantes se contagiarán con COVID-19 en las escuelas».

La ciencia debe guiar a la política gubernamental y no a la inversa.  


José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
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Fiscalizando a la prensa

La prensa informa cuando denuncia un «cuestionable gasto en rótulos y semáforos en la carretera PR-111 entre San Sebastián y Moca».

La prensa desinforma cuando sepulta una posible justificación de ese gasto rotulándola como «la Autoridad de Carreteras defiende el reemplazo de rótulos en la PR-111». Así, la prensa siembra y abona dudas sobre una alarmante negligencia y corrupción administrativa, si realmente la hubo, o si se trata de un requerimiento adjunto al uso de fondos federales. Quizás no lo sabremos nunca.

Es el mismo periodista investigativo que encubre la contratación de una estudiante de medicina a tiempo completo que facturaba 100 horas mensuales a $100 por hora ($10,000 mensuales) dirigiendo 78 equipos de epidemiólogos municipales, mientras se aprobaba la compra, con fondos federales, de vehículos que algunos alcaldes luego utilizaban en sus campañas políticas [FYI: la práctica administrativa correcta es aprobar arrendamientos de vehículos («leases») por tiempo limitado para uso exclusivo de investigaciones epidemiológicas]. ¿Por qué eso no se denuncia también?  ¿Es posible dirigir un complejo sistema de 78 equipos de epidemiólogos municipales mientras se estudia medicina a tiempo completo?  ¿No debe auditarse ese gasto también?

Por eso, pierde credibilidad cuando ese mismo periodista se pliega a la agenda cosaca para cerrar las escuelas. No disputo el derecho de los gremios laborales de maestros para procurar mejores condiciones de trabajo en las escuelas, pero no deben justificarse sembrando alarmismo por «brotes».

¿Qué sentido epidemiológico puede tener que se reduzcan los contagios COVID-19 en todo Puerto Rico mientras se alega que aumentan en las escuelas? Ninguno, excepto una mejor detección de contagios.

El riesgo de contagios COVID-19 entre las edades de 20 a 29 años excede al riesgo de los de menos de 14 años de edad.

El periodista puede necesitar capacitación en epidemiologia y ante esa deficiencia difunde datos crudos sin entenderlos. Confunde validez con precisión: muchos datos, poca información fiable.

El periodista tampoco parece entender sistemas de vigilancia epidemiológica. El aumento inicial en la captura de datos de todo sistema de vigilancia epidemiológica es lo habitual y NO es necesariamente un reflejo de una mayor incidencia de casos.

Existen nueve estrategias de prevención del COVID-19, establecidas por los CDC y el DSPR, para la reapertura de las escuelas.

Si la depuración de los datos y su correcta contextualización epidemiológica indican que, a pesar de la implementación de estas estrategias, las escuelas resultan ser focos de brotes epidémicos de COVID-19, pues entonces estaría justificado modificar protocolos y hasta cerrar escuelas. Ni los titulares alarmistas de los periódicos, ni los encargados de la publicidad del gobierno, deben asumir esa responsabilidad. Difundir información fiable sobre epidemias le corresponde al Principal Oficial de Epidemiología del país, así como difundir información oficial sobre huracanes le corresponde al Servicio de Meteorología.


El pensamiento crítico se enriquece con los postulados de la dialéctica hegeliana: tesis, antítesis y síntesis. Cuando la prensa abdica su responsabilidad de servir de ese punto de síntesis y se convierte en antítesis de la tesis oficialista gubernamental, entonces le corresponde al ciudadano adjudicar la síntesis que mejor aproxime la verdad de los hechos.

Cuando un periodista, ya sea por deficiencia académica o por orientación tendenciosa, suprima información vital para el análisis de un problema, es un deber ciudadano objetar y exigir que se difunda la información correctamente contextualizada.

Publicar que no hay evidencia de brotes descontrolados no vende; sembrar la duda de que puedan existir, eso sí vende. Tanto la tesis oficialista gubernamental como la antítesis de la prensa comercial compiten para vender su producto.

En esa competición, la opinión pública queda huérfana de un árbitro imparcial para procure la síntesis que mejor aproxime la verdad de los hechos. Por eso es necesario que el lector inteligente y bien informado fiscalice a la prensa cuando informa y cuando desinforma.


José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
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La falacia

Se incorpora a la tertulia con don Epifanio Roca y don Paco Bueno mi añorado amigo don Eugenio Paz quien, desde Caguas, el corazón de Puerto Rico, me pregunta:

“Doctor, lo admiro por su valiente defensa de la verdad, por su integridad y por su servicio altruista.  Después de escucharle y leer sus validos argumentos, entiendo mejor sus motivos y las motivaciones de sus poderosos adversarios. Sin embargo, me queda una duda: ¿no estaba correcto el periodista al señalar que usted había suspendido las pruebas COVID-19 en los hogares de ancianos cuando todavía había contagios en esos lugares?”

Don Geño, le estoy muy agradecido por brindarme la oportunidad de esta aclaración. Con ella cierro este capítulo, pues las otras preguntas relevantes a este controversial asunto han sido respondidas a cabalidad [ver sección de preguntas y respuestas en La Renuncia].

Una falacia es una falsedad que se disfraza de verdad. Por ejemplo, decir que el ganado de su finca está enfermo porque una de sus vacas se está muriendo. Es posible que sea cierto el hecho de que se le esté muriendo una vaca. La falsedad consiste en insinuar que las vacas en su finca están enfermas porque se le muere una vaca. 

Mire, don Geño, en Puerto Rico hay más de mil instituciones de cuidado prolongado. Para propósitos de nuestra conversación, tomemos como cierto que en una que otra institución existieran contagios entonces. Sin embargo, la verdad es que en la inmensa mayoría de las instituciones no había contagios, ni los hubo desde entonces. 

Si el periodista hubiera analizado bien el asunto hubiera encontrado que su evidencia no era representativa. Además, se eliminaron las pruebas solamente en lugares donde existía una alta cobertura de vacunación y los residentes no tenían síntomas del COVID-19. Las pruebas diagnósticas en residentes con síntomas del COVID-19 nunca fueron eliminadas. 

Pero hay mucha más falsedad en ese reportaje tendencioso. ¿Se imagina usted que su médico le examine la próstata mensualmente estando usted saludable? Similarmente, cuando es baja la transmisión comunitaria del COVID-19, no se recomienda hacer pruebas en personas vacunadas sin síntomas ni exposición a personas contagiadas. Los falsos positivos se convierten en un problema mayor que los contagios. Pero eso solo lo sabe determinar un especialista epidemiólogo. 

Dice indignado don Epifanio: “Ay, doctor, ese periodista fue muy irresponsable. Desencadenó una serie de eventos que resultó en que le aceptaran una renuncia que usted nunca sometió.”  

La verdad de los hechos es que yo nunca he renunciado, que en la carta del 26 de julio condicionando mi permanencia en el Departamento de Salud, publicada justo antes de la conferencia de prensa de La Fortaleza el 11 de agosto, se revelaron ciertas “indiscreciones” sobre la verdadera agenda mediática del Departamento de Salud y que fueron esas verdades –que nadie ha refutado– las que causaron mi despido disfrazado de “renuncia constructiva”, en violación de las leyes que protegen a los denunciantes (whistleblowers) de encubrimientos gubernamentales. Se ha querido encubrir la verdad de una agenda mediática que suprime la difusión de información epidemiológica que pueda afectar la imagen política de la administración de turno. 

Luego de un cambio de impresiones entre todos, concluye la tertulia don Paco Bueno con una reflexión que capta el sentir grupal: “El Departamento de Salud de Puerto Rico ha perdido los servicios de un excelente médico epidemiólogo, acreditado y capacitado por su experiencia, para dirigir los servicios de epidemiología. Ese periodista debe disculparse por desinformar y debe reparar el daño causado rectificando su error, Pero así no funcionan las cosas en este mundo. La verdad no vende; la controversia si.” 

Queridos amigos tertulianos, quedo en paz con mi conciencia, a la luz de la verdad. Que todo el ganado de sus fincas siga saludable. Y, por favor, procuren la tercera dosis de la vacuna contra el COVID-19 tan pronto sea indicado. Hasta la próxima tertulia. 


José Becerra, MD, MPH, FACPM
Atlanta, GA and San Juan, Puerto Rico

Retired Centers for Disease Control Medical Epidemiologist

Adjunct Associate Professor of Epidemiology and Biostatistics
Graduate School of Public Health, Medical Sciences Campus
University of Puerto Rico